POR ALEJANDRO VILLEGAS
La denominada Ley Esposa que se aprobó en San Luis Potosí, es cuestionada desde palacio nacional y desde luego por Morena, en una acción clara que permite apreciar las limitantes que hay en materia de paridad de género.
En principio, porque lo que se debe tener claro es si el INE, tiene o no facultades para ir más a fondo, y no solo determinar en qué número de entidades deben postularse mujeres.
O si, en un cargo de representación popular, presidencia municipal, o gubernatura, debe existir alternancia directa entre los postulados, a partir de la alternativa que existe al momento, entre un hombre y una mujer.
Y a la que en algún momento se sumará la comunidad LGBT.
En esencia, es evidente que se deben establecer normas claras al respecto, que abarquen todo tipo de postulación.
En los casos de San Luis Potosí y Nuevo León, lo que se aprecia a la distancia es que los actuales ciudadanos gobernadores podrían impulsar la postulación de sus respectivas esposas para sucederlos.
Una acción que, en principio, a partir de la identificación política y antecedentes de los mandatarios estatales no es bien percibida desde palacio nacional y Morena.
En el fondo, el mayor riesgo que se corre al establecer una rotación obligatoria hombre-mujer, en la postulación, es que en su caso al tener claro que no serían postulados hombres o mujeres, disminuirían su actividad proselitista y se forzaría a los partidos políticos, en algunos casos, a no postular a los perfiles mejor posicionados o con mayor preparación.
El tema evidentemente tiene muchas aristas y está lejos de resolverse de manera satisfactoria, tanto para hombres como para mujeres, ya que en cualquier caso se impondría el criterio de género a otros más importantes para el adecuado desempeño de un cargo.
Otro aspecto que se aprecia es la discrepancia que existe cuando alguna medida de esa índole no es impulsada por palacio nacional o Morena, y por supuesto secundada en general por la 4T.
Venezuela
La posición asumida por México ante el conflicto que prevalece entre Venezuela y Estados Unidos, al parecer no pasará de una simple expresión verbal.
En los planos institucional y formal, al menos por la vía diplomática, no se aprecia o no se ha dado cuenta de algún movimiento que lleve a formalizar la defensa que se realizó desde palacio nacional.
En todo caso, la situación recuerda aquel refrán popular que alude a quien arroja la piedra y esconde la mano.
