En Puebla se puede practicar el turismo comunitario que busca promover el desarrollo local y preservar la identidad cultural.
En este campo hay localidades con diversidad natural y cultural, que resultan atractivas.
Atoluca, Teziutlán, se ubica en el ejido Atoluca en Teziutlán y es un paraíso de biodiversidad. Esta comunidad ha tomado medidas para proteger su bosque de niebla, conocido por sus orquídeas y paisajes montañosos.
Los visitantes pueden disfrutar de impresionantes vistas desde los cerros Tlacotepec, Cerro de la Bandera y Colihui, además de explorar cascadas y cultivos de arándano, café y aguacate.
San Pablito, Pahuatlán es conocido por la elaboración del papel amate, una tradición ancestral otomí. El papel amate, hecho a mano a partir de la corteza del jonote, tiene un profundo significado ceremonial y es utilizado en artesanías.
Se pueden visitar talleres locales, aprender sobre esta tradición y explorar las encantadoras calles del pueblo.
San Juan Raya, Zapotitlán Salinas, se ubica en la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, San Juan Raya. Es un destino único en el que se pueden observar fósiles marinos y huellas de dinosaurios en medio de un paisaje desértico lleno de cactáceas y suculentas.
Ofrece recorridos para explorar su impresionante biodiversidad y su historia geológica, con especies endémicas de plantas y animales que resaltan la belleza del semidesierto poblano.
Hueyapan, Atexcaco, es un destino casi virgen rodeado de ríos, cascadas y paisajes montañosos. Alberga Cascada de Atexcaco, una caída de agua cristalina preservada por los habitantes locales.
