Qué increíble historia la de Mateo Chávez y su padre, Tilón Chávez.
Un día, Mateo era apenas un niño que trabajaba como balonero en los partidos de su papá, observándolo con admiración y soñando con algún día seguir sus pasos.
Tiempo después compartieron la grada juntos para ver campeón a Chivas, el equipo de sus amores. Como cualquier padre e hijo rojiblancos, celebraron unidos uno de los momentos más felices de sus vidas.
Y ahora, años después, la vida les regala una escena imposible de olvidar: Mateo debutando en una Copa del Mundo y marcando un gol con la Selección Mexicana, mientras Tilón lo observa desde las tribunas celebrando con el corazón en la mano.
De aquellos días detrás de la portería recogiendo balones, a convertirse en protagonista del torneo más importante del planeta.
Hay goles que valen tres puntos. Y hay goles que cuentan toda una vida.
