POR FRED ESTRADA
Viridiana Lozano y Jesús Arroyo escenifican un diferendo, en el que de fondo se aprecia la necesidad de terminar en el ejercicio periodístico y de la libertad de expresión de utilizar seudónimos para fijar posiciones y emitir cuestionamientos.
Además de subrayar un ejercicio ético de la profesión.
Y en paralelo la necesidad de que las redes sociales obliguen a que todos los usuarios de una cuenta sean identificables plenamente.
El diferendo en cuestión se basa en la operación de la cuenta @LaAldeaPoblana que de decir de Viridiana Lozano es operada por Jesús Arroyo, directivo de Exclusivas Puebla, a quien señaló de manera directa.
De inmediato, como era de esperarse Arroyo de desmarcó y negó el hecho, y de inmediato de acuerdo a Viridiana Lozano fue atacada por bots.
En los hechos, lo cierto es que La Aldea Poblana al igual que otras cuentas, han entocado su actividad principal en cuestionar a la administración estatal, incluso con denuestos.
Pero no son los únicos y lo evidente es que la autoridad estatal, en uso de sus facultades está en todo su derecho de ejercer acción legal en contra de ellos.
En tanto que, en el gremio periodístico, lo que cabe es un ejercicio de profundo análisis para que prevalezca la objetividad y la certeza, que el periodismo de investigación prevalezca frente a las filtraciones, pero fundamentalmente para que todo señalamiento tenga el respaldo de una autoría responsable.
El diferendo entre Jesús Arroyo y Viridiana Lozano, al momento se encuentra en la esfera mediática, pero en su momento podría llegar al plano legal.
El escenario es claro, sin embargo al momento, la administración estatal no ha fijado postura en torno a un diferendo en el que es parte activa-
