Ello, ha llevado a modernizar los esquemas de transporte con modalidades como la RUTA que se han aplicado con éxito en otras urbes como la Ciudad de México. En tanto a nivel país opera en Bolivia, Colombia, Venezuela y Francia.
En este sentido, lo primero que debe quedar claro es que el sistema de transporte por cable, denominado popularmente Cablebús, no es nuevo ni se trata de un programa improvisado.
El mismo esquema con sus particularidades propias de la geografía y densidad demográfica opera desde hace años no sólo en la Ciudad de México, sino en otras urbes.
Sus beneficios y seguridad operativa, están a la vista, por lo que, en el caso de Puebla, es claro que no se trata de improvisar o experimentar, sino de adoptar y adaptar un esquema de transporte probado.
La oposición social en todos los casos, tiene un tinte y carga políticas, promovidas por grupos que tratan sacar raja y llevar agua a su molino, como en el caso del Cablebús.
De ahí que de manera conveniente desde que se anuncio se haya desarrollado una socialización abierta del proyecto que poco a poco ha venido sumando adeptos y derrumbando obstáculos.
En los que meses que antecedieron a la comparecencia del coordinador de Gabinete, José Luis García Parra ha quedado claro que no se trata una modalidad de transporte que afecte el patrimonio de la entidad, al contar con el aval del INAH.
Asimismo, ha quedado claro que no atenta contra la preservación del medio ambiente o se traducirá en una acción de deforestación, ya que por el contrario contribuirá a crear espacios propios y amigables con la naturaleza.
En general, la optimización de su diseño permitió reducir de 980 a 77 los árboles que eventualmente requerirían intervención, priorizando acciones de conservación, trasplante y compensación con especies nativas.
Por lo que hace al aspecto técnico, los estudios presentados ante el Legislativo poblano dan cuenta su viabilidad.
El proyecto está respaldado por más de 70 estudios especializados en materia técnica, financiera, ambiental, urbana y de movilidad, así como por un análisis costo-beneficio elaborado conforme a la metodología de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Algunos de los elementos que deben tener presentes, primordialmente quienes podrán hacer uso del Cablebús es que contará con una red de cuatro líneas, nueve nodos de transferencia intermodal y 14.58 kilómetros de recorrido.
Que está diseñada para integrarse con el sistema de transporte existente y mejorar la conectividad entre zonas habitacionales, educativas, comerciales, de salud y de servicios.
Que el proyecto contempla una inversión de 6 mil 752 millones 949 mil 56 pesos, con un avance financiero del 32.55 por ciento, y beneficiará de manera directa e indirecta a 774 mil personas usuarias del transporte público.
Su operación permitirá reducir el trayecto más largo de 100 a 44 minutos.
Su puesta en marcha se refleja en una disminución de emisión de más de 18 mil 500 toneladas de dióxido de carbono al año.
En el plano de los beneficios sociales el Cablebús garantizará transporte gratuito para niñas y niños de educación básica, personas adultas mayores y personas con discapacidad.
Más allá de toda especulación y uso político, lo que resalta es la labor de socialización que ha caracterizado al proyecto de Cablebús, no solo se ha atendido a la ciudadanía y organizaciones sociales, también al Legislativo.
Al margen, en la CDMX sólo operan tres líneas de Cablebús.
De acuerdo al Gobierno de la CDMX el Cablebús ofrece cinco beneficios principales: Más seguridad para las mujeres; viajes más rápidos y eficientes; mejor experiencia de viaje; vigilancia en todo momento; y facilita el traslado hacia distintos puntos de la ciudad, mejorando la movilidad y calidad de vida en zonas periféricas.
