PUEBLA HOY / POR FERNANDO HOYOS
Dolor, frustración, rabia e indignación recorren hoy a Tehuitzingo tras la masacre que cobró la vida de 10 personas dentro del rancho “Marihuana”, en la comunidad de Texcalapa.
El crimen no solo estremeció al sur de Puebla; también exhibió la fragilidad de la seguridad en una región donde, desde hace varios años, el miedo comenzó a normalizarse.
Lo más grave es que, a más de 72 horas de los hechos, no existe una versión oficial sólida ni una investigación convincente que permita disipar las dudas de los habitantes de la zona.
En un primer momento, las pesquisas apuntaron hacia José Alfredo Torres, hijo del matrimonio asesinado. Se habló de un supuesto problema de adicciones y de una posible participación en el multihomicidio donde también perdieron la vida sus hermanos, una cuñada, una sobrina bebe de solo un mes y veinte días de nacida, así como cuatro trabajadores del rancho.
Sin embargo, conforme avanzaron las horas, comenzaron a surgir contradicciones.
Familiares del joven aseguran que radica en otra entidad y que el día de los hechos no se encontraba en Tehuitzingo. Aunque él mismo ha reconocido problemas de alcoholismo y drogadicción, sostienen que no existen elementos contundentes para responsabilizarlo.
Después apareció otra hipótesis: la posible participación de tres sujetos, entre ellos un familiar, derivado de disputas por tierras y ganado. Versiones extraoficiales señalan que las autoridades ministeriales ya tendrían ubicados a los presuntos responsables e, incluso, que podrían ser detenidos en las próximas horas.
Pero mientras las versiones cambian, la incertidumbre crece.
Habitantes de Texcalapa afirman que después de la matanza, dijeron haber observado, una camioneta con hombres armados huyendo de la zona tras la matanza, una escena que remite más a la operación de un comando criminal que a un conflicto doméstico o familiar.
Por eso, en la Mixteca nadie descarta ninguna línea de investigación.
Lo ocurrido en Tehuitzingo no tiene precedente reciente en la historia de la región.
Se trata de una de las matanzas más atroces y sangrientas registradas en la Mixteca poblana, una zona históricamente golpeada por el abandono institucional y la creciente presencia de grupos delictivos.
Armenta exige justicia
Ante la indignación social, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, condenó públicamente los hechos y aseguró que en el estado no habrá tolerancia frente a la violencia.
El mandatario expresó sus condolencias a las familias de las víctimas y pidió a la Fiscalía General del Estado realizar una investigación con rigor, prontitud y sin encubrimientos.
Armenta subrayó que el asesinato de 10 personas —entre ellas una bebé de apenas un mes y 20 días de nacida— no puede quedar impune y exigió llegar hasta las últimas consecuencias para castigar a los responsables.
El mensaje político es contundente, pero la exigencia ciudadana va más allá de los discursos: la gente quiere resultados.
Porque en la Mixteca la percepción es clara: la violencia dejó de ser un hecho aislado y comienza a convertirse en una amenaza regional.
La sombra del crimen organizado
En diversos municipios del sur poblano, particularmente los que colindan con Guerrero, la presencia del crimen organizado es cada vez más visible.
Versiones de habitantes y reportes extraoficiales señalan movimientos de grupos criminales procedentes de la Montaña Baja de Guerrero, entre ellos “Los Rojos”, “Los Ardillos” y “Los Tlacos”, organizaciones que mantienen una disputa territorial en esa franja del país.
La preocupación no es menor.
Municipios como Ixcamilpa de Guerrero, Jolalpan, Teotlalco, Chiautla de Tapia, Huehuetlán el Chico y Tulcingo de Valle viven bajo la presión constante de delitos como extorsión, cobro de piso, trasiego de droga y amenazas.
En muchas comunidades, el silencio se volvió mecanismo de supervivencia.
Por ello, la exigencia de los habitantes es directa: mayor presencia de fuerzas federales y estatales antes de que la violencia termine por desbordar a toda la región.
La masacre de Tehuitzingo no puede convertirse en una cifra más.
Porque cuando una región entera comienza a vivir entre el miedo y la impunidad, el problema deja de ser local y se convierte en una herida abierta para la mixteca, Puebla y para todo México.
Hoy esta triste notica recorre todo el mundo, y la preguna es hasta cuando?.
Gracias.
Y si Dios nos deja nos vemos, cuando nos leamos…
