Especial
LA PASARELA / POR JORGE CASTILLO
La alianza que ya se sabía y que se exhibió a cielo abierto.
Ya quedó claro quién está con quién.
Y también quién mueve a quién.
Después de desmentidos, discursos de victimización y deslindes públicos, la realidad siempre sale.
La alcaldesa de Quecholac, Guadalupe Martínez e hija de Antonio Valente Martínez Fuentes, “El Toñín”, tal vez queriendo, demostró su injerencia en el bloqueo de la autopista Puebla–Orizaba de cerca de 24 horas, aunque la había negado.
También mostró la red política respalda a los Martínez.
Negaban toda participación, mientras en su mano sostenían el detonador.
Finalmente, fue ella misma quien alzó la toma de la pista.
El Toñín, también demostró quien manda.
Más de 70 tractores, barricadas, llantas quemadas, carretera paralizada en una supuesta defensa campesina, fue una simple operación política.
El bloqueo se justificó con el discurso de siempre, persecución, derechos vulnerados, soberanía del agua, amenazas contra la familia.
Todo aderezado con un video donde Toñín acusó al secretario de Gobernación estatal, Samuel Aguilar Pala, de amedrentar a su hija.
Detrás de ese teatro rural, se movía la vieja maquinaria.
El Toñin es señalado por años como líder del huachicol en el Triángulo Rojo, el mismo que ha construido una estructura de clientelas mediante despensas, favores y una narrativa de benefactor altruista.
El gobierno de Puebla respondió con un posicionamiento duro.
Morena estatal cerró filas.
“Nadie por encima de la ley”, advirtió el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra.
Hasta que llegó el capítulo final y exhibió documentar las mancuernas.
El frente
En un ambiente casi festivo —que contrastaba con el caos que habían provocado durante horas a miles de automovilistas— los supuestos agricultores retiraron el bloqueo justo después de que Guadalupe Martínez transmitiera un mensaje grabado del diputado federal Ignacio Mier Bañuelos.
Ahí, Mier Jr. los llamó a liberar la vía y confiar en el proceso de la reforma a la Ley de Aguas Nacionales.
Sólo bastó eso.
Ni negociación técnica, ni acuerdos agrarios, solo un video del hijo del senador Nacho Mier.
Y como por arte de magia, la autopista se abrió.
Los manifestantes estallaron en porras al diputado y a la alcaldesa, como si la Ley ya no se fuera a emitir.
Los tractores se movieron.
Y la narrativa de “campesinos indignados” terminó reducida a un acto de obediencia política.
Así fue la confirmación pública de un vínculo.
Toñín con los Nachos o los Mier y con el presunto huachicolero.
Una alianza nacida quien sabe cuando.
Toñín negaba que controlaba el bloqueo.
La alcaldesa también negó su participación.
Pero transmiten el mensaje y levantan la protesta.
Este tema no terminó.
Apenas comenzó.
Tiempo al tiempo.
