LA PASARELA
POR JORGE CASTILLO
En Huejotzingo, el gobierno municipal parece más una sala de juicio que una oficina de gestión.
Pareciera que Roberto Solís Valles tomó la alcaldía con la mira fija en su antecesora, Angélica Alvarado Juárez.
Desde entonces el retrovisor es su brújula.
Cada discurso es un inventario de males heredados.
Y razón no le falta:
Deudas con el SAT y la CFE, condonaciones presuntamente irregulares por millones y un presunto daño patrimonial de más de 70 millones de pesos, que la Auditoría Superior del Estado ya acotó en 36.8 millones tan solo en 2023.
Pero mientras Solís se cuelga del discurso de la “herencia maldita”, la realidad lo rebasa.
La inseguridad subió 13.9 % en su arranque, las calles siguen igual de oscuras, mientras ha iniciado una guerra contra el mercado de las Flores, el que había aplaudido.
Con información de la Fiscalía General del Estado (FGE), entre octubre de 2024 y abril de 2025 se registraron 759 carpetas de investigación, frente a 666 en el periodo anterior.
En tanto, la gente sigue esperando soluciones, no declaraciones para culpar al pasado.
Hay zonas donde ni la policía entra, como es el fraccionamiento San Miguel.
Pero no se hace nada.
Gobernar no es un acto de arqueología política, sino atacar el presente.
Eso sí, sería ingenuo pensar que Angélica Alvarado se fue limpia.
Bajo su gestión, la ASE documentó gastos sin respaldo, irregularidades en contratos y omisiones que hoy son caldo de cultivo para denuncias.
Y aunque ella alegue que todo es “cristalino” y que las facturas cuestionadas se generaron después de su salida, la Auditoría no se guía por discursos.
Los números están ahí.
La pugna entre ambos se ha convertido en una pasarela de acusaciones que sirve más para posicionar políticamente a sus protagonistas que para resolver los problemas de Huejotzingo.
En el ring: Solís, con una narrativa de víctima perpetua; y Angélica, con un libreto de deslindes y señalamientos de vendetta política.
Afuera, en la calle, los ciudadanos lidian con asaltos, extorsiones, carencias de agua y un clima de inseguridad que ninguno ha logrado revertir.
A Solís ya le toca dejar el retrovisor y tomar el volante hacia soluciones concretas.
Y a Angélica, rendir cuentas sin rodeos.
En pocas palabras, los dos políticos están enfrascados en un pleito que, mientras se alarga, hunde más al municipio.
Y aunque ambos digan que lo hacen “por el bien del pueblo”, la verdad es que en Huejotzingo los únicos que siguen pagando la factura —la financiera y la de la inseguridad— son los ciudadanos.
Tiempo al tiempo.
