Una de las zonas arqueológicas más impresionantes de México se encuentra al noreste de la capital de Puebla, entre los municipios de Tepeyahualco y Cuyoaco.
Cantona es una ciudad prehispánica, cuyo nombre significa «Casa del Sol», fue construida sobre un flujo de lava que emanó hace unos 60,000 años del volcán Caldera de los Humeros, lo que la hace única.
La extensión de roca volcánica no solo sirvió como base estructural para la ciudad, sino que también como un recurso estratégico para sus habitantes.
La elección de este lugar, aparentemente inhóspito y semidesértico, fue intencionada y crucial para el desarrollo de Cantona.
La arqueóloga Katina Vackimes Serret y estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), refirió que los fundadores aprovecharon la topografía natural y las coladas de basalto no solo como material de construcción, sino también para fortificar la ciudad, creando un espacio defensivo que separaba a la urbe del territorio agrícola circundante.
Cantona fue un centro urbano y ceremonial con una compleja red de calles y calzadas. Se estima que albergaba alrededor de 4,000 vías de comunicación internas, lo que la convierte en una de las ciudades más urbanizadas del México prehispánico.
Contaba con 24 juegos de pelota, lo que subraya su importancia cultural y social. Los edificios fueron erigidos con piedras superpuestas, sin mortero, aprovechando la roca volcánica local.
Cantona se encuentra a aproximadamente dos horas de la ciudad de Puebla. Para llegar, se toma la autopista Núm. 150 (México-Veracruz) hacia el oriente.
El costo de entrada es de 90 pesos mexicanos, e incluye el acceso al museo de sitio. Los domingos los mexicanos tienen acceso libre.
