POR MANUEL FLORES
Tonantzin Fernández no necesita ir tan lejos para encontrar la respuesta a su prematura pretensión de reelección.
La respuesta no habita en las cúpulas partidistas ni en los despachos donde se diseñan estrategias de imagen, sino en las calles de San Pedro Cholula.
Por más esfuerzos que despliegue la alcaldesa por sostener un relato triunfalista, la percepción ciudadana transita por un camino distinto.
Ni los sondeos pagados ni los discursos oficiales han logrado construir un respaldo social auténtico.
Ese distanciamiento quedó expuesto en mediciones recientes de firmas como Demoscopia Digital.
En septiembre de 2026, la encuestadora le otorgó a Fernández un 61.1 por ciento de aprobación.
Sin embargo, apenas un mes antes, en agosto, ese mismo indicador se ubicaba en 62.5 por ciento.
Más allá de la fluctuación a la baja, el problema de fondo radica en la fragilidad metodológica de estas encuestas.
Se trata de ejercicios diseñados a modo para colocar a los gobernantes en el famoso «top 10», evadiendo evaluar con rigor el impacto real en los servicios públicos.
En la historia política de San Pedro Cholula, el electorado ha dejado claro que no concede cheques en blanco y que la alternancia es una herramienta constante de castigo o exigencia.
Las aspiraciones de Fernández obligan a revisar los tropezones de su administración.
Imposible obviar los severos conflictos derivados del Mercado Cosme del Razo. Aquella crisis no solo derivó en la salida del síndico municipal, sino que exhibió un hermetismo institucional que desgastó de forma severa la imagen del Ayuntamiento.
En materia de seguridad, la narrativa del gobierno choca de frente con la realidad cotidiana.
Por más estadísticas que se presenten sobre bajas delictivas, el miedo a transitar por barrios y Juntas Auxiliares pesa más en la ciudadanía que cualquier informe trimestral.
A esto se suman las constantes tensiones en la zona arqueológica y el Parque Intermunicipal, así como el descontento por el vertiginoso desarrollo inmobiliario.
Un fenómeno que fomenta la gentrificación y desplaza paulatinamente la identidad local sin una regulación efectiva.
Tampoco hay una obra insignia que trascienda. Promesas de gran calado, como la edificación de un nuevo centro penitenciario, permanecen guardadas en el cajón de los proyectos inconclusos, mientras programas como los parquímetros siguen operando entre el rechazo e inconformidad social.
Si bien no existe un impedimento legal para buscar la reelección, en el terreno político y moral los resultados resultan insuficientes.
Pretender la nómina y la candidatura sin separarse del cargo no refuerza su gestión; por el contrario, compromete seriamente la gobernabilidad que demandan los cholultecas.
