*Una señal inequívoca de que no todo en Tlaxcala anda bien
Fred Estrada para The Puebla Times
A más de quince meses del inicio de su gestión, Lorena Cuéllar piensa en relanzar su administración.
Y para ello no duda en cambiar a parte de su gabinete, en una acción que deja al descubierto que no logró integrar un equipo con las mejores mujeres y los mejores hombres para cumplir con todas y cada una de sus promesas de campaña.
El argumento de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros en el sentido de que los cambios estarán orientados a dar una nueva proyección a los trabajos de algunas áreas de la administración estatal, resulta por decir lo menos infantil.
Se trata de un recurso retórico con el que pretende desviar la atención de las verdaderas causas de las remociones que piensa realizar.
Desde el punto de vista más elemental, es lógico que todo funcionario cuyo desempeño se traduce en resultados positivos debe permanecer en el cargo.
En tanto que aquellos que no están a la altura de las expectativas deben ser removidos y llegado el caso sancionados e inhabilitados para ocupar un nuevo cargo público.
El hecho de que Lorena Cuellar no acepte de manera abierta el motivo de los cambios que piensa realizar, la ubica en la tónica de la vieja clase política en donde los cambios se realizaban por motivos personales o de salud, dejando de lado las verdaderas causas.
Olvidando que llegado el tiempo las verdaderas causales siempre salen a la luz.
Si realmente Lorena Cuellar Cisneros aspirara a ser diferente tomaría al toro por los cuerpos y hablaría sin tapujos de los motivos que la llevan a pensar en realizar los cambios.
Aceptaría que se equivocó y que las personas en quienes confió no estuvieron a la altura, con su desempeño de las necesidades de las y los tlaxcaltecas.
Pero al no hacerlo, con toda franqueza, deja mucho que desear en términos de confianza y credibilidad.
Puede argumentar que los cambios se sustentarán en las evaluaciones que periódicamente se realizan sobre el cumplimiento de las metas del Plan Estatal de Desarrollo, de las reuniones generales, personales y de los análisis que de cada oficina hace tanto la Secretaría de Finanzas como la de la Función Pública.
Pero esa una forma de eludir la necesidad de hablar con la verdad.
Lorena Cuéllar busca desviar la atención y aceptar fallas que en un plano real se traducen en fallas de algunos funcionarios públicos que inciden de manera obligada en los resultados que están a la vista.
Y que no pueden ser del todo satisfactorios toda vez que serán relevados simplemente y sencillamente por no cumplir.
Así de sencillo, pero con ese tipo de argumentos y estrategias, Lorena Cuéllar se proyecta como una moderna sofista en busca del hilo negro.
Los politólogos de café hablan del desgastado y poco asertivo secretario de Gobierno, Sergio González Hernández.
El obediente secretario de Finanzas, David Álvarez Ochoa.
El sacrificable Oficial Mayor, Ramiro Vivanco Chedraui.
El junior Alfonso Sánchez García, secretario de Infraestructura, como parte de quienes pueden permanecer en el gabinete de Lorena Cuéllar, pero no todos necesariamente por sus resultados.
