La captura de Govén Ulisses N. en Lomas de Angelópolis volvió a colocar a Puebla bajo la lupa: en los últimos años, presuntos líderes criminales y personas requeridas incluso por autoridades internacionales han sido localizados mientras permanecían en territorio poblano.
POR DANIEL ROMERO
Puebla, Pue.— Llegaron desde Guerrero, Morelos, Veracruz e incluso eran buscados en Estados Unidos. Algunos permanecieron durante meses o años en Puebla hasta que operativos federales y estatales terminaron por localizarlos.
El caso más reciente es el de Govén Ulisses N., alias “El Amarillo” o “El Gobén”, detenido el jueves 3 de septiembre en Lomas de Angelópolis. Autoridades federales lo identificaron como objetivo prioritario y presunto líder de una célula vinculada con “Los Rusos”, con presencia principalmente en Acapulco, Guerrero.
La operación desencadenó cinco cateos en Puebla y San Andrés Cholula. El saldo fue de cuatro personas detenidas y el aseguramiento de 39 vehículos de alta gama, dos armas cortas, cartuchos, cargadores, teléfonos y droga. Entre los inmuebles intervenidos estuvieron el centro nocturno Victoria Luxury Club y una agencia de automóviles sobre Vía Atlixcáyotl.
Puebla como refugio de objetivos criminales
Tras el despliegue, el secretario de Seguridad Pública estatal, Francisco Sánchez González, sostuvo que la célula de “El Amarillo” no tenía identificada una operación criminal establecida en Puebla, sino que sus integrantes habrían utilizado la entidad como lugar de refugio.
El episodio no es aislado.
Apenas el 26 de agosto, Jesús Alberto N., alias “El Dron”, fue detenido en San Andrés Cholula. Las autoridades lo señalan como uno de los presuntos participantes en el homicidio del creador de contenido César Daniel Nolazco Gastélum, ocurrido semanas antes en Culiacán, Sinaloa.
En junio, fuerzas federales capturaron en San Pedro Cholula a Homero N., “La Tripa”, señalado como presunto líder de una célula generadora de violencia en Morelos y relacionado por las autoridades con homicidios y extorsiones. Durante la intervención también fue detenida una mujer y se aseguraron un arma, droga, un vehículo y una identificación falsa.

Otro de los golpes relevantes ocurrió en abril, cuando fue localizado en Chignahuapan Roberto de los Santos de Jesús, “El Bukanas”, considerado durante años un objetivo prioritario y vinculado por autoridades con actividades criminales en la franja limítrofe entre Puebla y Veracruz. Por su localización se había ofrecido una recompensa de hasta cinco millones de pesos.
De Izúcar de Matamoros a casos de alcance internacional
La presencia de personas buscadas fuera de Puebla también ha alcanzado a la Mixteca poblana.
En febrero de 2024, autoridades estatales, federales e internacionales detuvieron en Izúcar de Matamoros a Esteban —identificado oficialmente también como Estevan— N., requerido por su presunta relación con un homicidio ocurrido en California, Estados Unidos.

Su localización derivó de trabajos de inteligencia entre la Secretaría de Marina, la Policía Estatal, Interpol y autoridades estadounidenses. El operativo se realizó en la zona centro de Izúcar.
Un año antes, en marzo de 2023, agentes estatales, elementos de Marina e Interpol capturaron en la colonia Cementos Atoyac de Puebla capital a Jorge Alberto S., alias “La Gorda”, quien contaba con una orden de aprehensión con fines de extradición a Estados Unidos y era señalado por presunto trasiego de drogas.

La historia de capturas de alto perfil en la entidad se remonta varias décadas. En 2017, un operativo de la Marina en Chipilo terminó con la muerte de Ricardo Arturo Pacheco Tello, “El Quino”, identificado entonces como líder de una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación con operaciones en Veracruz.

Uno de los antecedentes de mayor relevancia ocurrió el 9 de marzo de 2002, cuando el Ejército capturó en la ciudad de Puebla a Benjamín Arellano Félix, entonces líder del Cártel de Tijuana y uno de los hombres más buscados por autoridades mexicanas y estadounidenses. La detención se realizó sin intercambio de disparos.

Más de dos décadas después, la captura de “El Amarillo” vuelve a exhibir un patrón que las propias autoridades poblanas reconocen: personas buscadas por delitos cometidos en otras entidades han encontrado temporalmente en Puebla un lugar para permanecer ocultas, hasta que los trabajos de inteligencia terminan por ubicarlas.
