Puebla Hoy
POR FERNANDO HOYOS
La indignación es nacional. Rabia, coraje, impotencia.
El asesinato de Carlos Alberto Manzo, alcalde de Uruapan, estremeció al país.
No era un político cualquiera.
Era un luchador social capaz de decir, sin titubeos:
“Madrazos, no abrazos”, “Aquí los espero hijos de la chingada”.
Un hombre que no quería formar parte de la lista de presidentes municipales asesinados, pero que sabía el riesgo de desafiar al narco.
En México, quien denuncia al crimen organizado —madres buscadoras, sacerdotes, periodistas, activistas o alcaldes— queda condenado al silencio.
O lo matan, o lo desaparecen.
Manzo eligió no hincarse ante la delincuencia.
El Estado falló.
La federación falló.
Michoacán falló.
Tal parece que lo dejaron solo…
No es solo incapacidad para proteger a la población.
Es incapacidad para proteger a la autoridad legítimamente electa.
Eso define a un gobierno fallido.
Manzo denunció en múltiples ocasiones la complicidad y protección que el gobierno de Michoacán otorga al crimen.
Señaló al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.
Y ayer, la gente lo corrió del funeral del alcalde asesinado.
Un símbolo brutal de desconfianza y hartazgo social.
Hoy, el repudio es nacional e internacional.
México vuelve a ser noticia por asesinar a quien se atreve a levantar la voz.
La actual tragedia tiene raíces.
Nació en el periodo de Felipe Calderón, pero se agravó con la política de “abrazos, no balazos”.
La omisión permitió el crecimiento desmedido del crimen en todo el país.
El gobierno de Claudia Sheinbaum ha detenido a cientos de integrantes del crimen organizado en su primer año.
Pero enfrenta un legado venenoso:
un Estado que no supo, o no quiso, defender su soberanía frente al narco.
Tan solo en este año, 10 presidentes municipales han sido asesinados en México.
Una cifra que coloca al país como uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer la política local.
Que nadie use esta tragedia para lucrar políticamente.
La oposición suele aprovechar el dolor para hacer campaña y no políticas públicas o tan siquiera mandar simples condolencias.
Uruapan ya había sido golpeado recientemente:
un periodista asesinado, el líder limonero Bernardo Bravo ejecutado, y ahora Carlos Manzo, quien soñaba con competir por la Presidencia de la República.
La presidenta Claudia Sheinbaum prometió que no habrá impunidad.
Y Omar García Harfuch reveló que Manzo tenía protección federal:
catorce elementos de la Guardia Nacional.
Un descuido bastó para matarlo.
Lo sacrificaron por no rendirse.
En México, desafiar al narcotráfico sigue siendo firmar la propia sentencia de muerte.
Carlos Manzo lo sabía.
Aun así, eligió el camino que le arrebató la vida.
Y lo dejaron solo.
GRACIAS Y SI DIOS NOS DEJA NOS LEEMOS LA SIGUIENTE ENTREGA…
