Ante la manifestación que realizó un grupo de reporteros, en la Plaza de la Concordia, por la aprehensión del reportero José Carlos Cacho que tuvo lugar en el marco del segundo informe de la presidenta de San Pedro Cholula, Paola Angón y su comunicador Juan Carlos Oceguera asumieron un actitud retadora y ofensiva.

La edil advirtió que aplicaría la ley si la manifestación se salía de control, en una acción de abierta amenaza hacia los reporteros que realizarían una manifestación pacífica en la Plaza de la Concordia.
La actitud de la alcaldesa representó una abierta amenaza, para quien no respete lo que ella considera civilidad y respeto.
Respeto que no observó al dirigirse a los reporteros que atendieron su mensaje.
Por su parte, Juan Carlos Oceguera optó por asumir una abierta posición de reto, al observar de manera directa y escuchar las expresiones de los manifestantes, quienes a la distancia fijaron su posicionamiento.
Oceguera los invitó a comprobar y reportear, sus dichos; en lo que sin duda puede interpretarse como una confrontación que no se atrevió a realizar en el marco de un diálogo respetuoso y cordial con quienes se supone, por la naturaleza de su encargo como servidor público debe mantener un trato permanente.
Juan Carlos Oceguera cuestionó a los manifestantes, sin atreverse a acercarse o establecer una posición de distención.
Con una serenidad peculiar, escuchó sabedor de que los reporteros no se atreverían a acercarse, por el temor a que los elementos policiacos arremetieran contra ellos, como si debieran guardar alguna distancia forzosa.
No cabe duda que tanto Paola Angón, como el sedicente comunicador Juan Carlos Oceguera tienen una piel muy delgada en lo que hace a su relación con los medios de comunicación.
En balde Paola Angón estuvo casada con uno de los comunicadores del morenovallismo, por cierto, habría que ver si el medio de su ex marido tiene de alguna forma algún convenio con la administración de San Pedro Cholula; en tanto que el paso de Oceguera por el oficio reporteril fue tan efímero como intrascendente.
En fin, por donde se vea, la pretendida relación que debían tener ambos con los representantes de los medios de comunicación, está fractura por más que se aferren a la idea de que estar bien con algunos directivos y plumas pagadas los sacará adelante.
En el fondo olvidan que su papel, en esta etapa como servidores públicos, concluirá con el ejercicio de sus respectivos cargos, en tanto que los periodistas seguirán en el ejercicio de su profesión.
Y sus trayectorias como personajes públicos tendrán permanentemente la referencia de opresores de la libertad de expresión.
Aunque dicha sea la verdad, por el mal manejo de la crisis que se generó, es un verdadero milagro o una muestra de excesiva tolerancia que Juan Carlos Oceguera se mantenga en un puesto, en el que ha quedado demostrado en más de una ocasión que se requiere un verdadero profesional del ramo y no un improvisado.
